El almendro es un cultivo tradicional
del entorno de las Arribes del Duero. Aunque no se trata
de un árbol autóctono, está perfectamente
adaptado a las condiciones climáticas del terrazgo
arribeño desde hace siglos.
Diego Vacas es recolector de almendras desde niño.
Un oficio que heredó de sus mayores y por el que,
desde hace años, recorre el espacio geográfico
entre Salamanca, Zamora y Portugal para recoger el fruto.
Este recolector de la localidad salmantina de Vilvestre
es toda una referencia en el mundo del almendro, en una
zona donde este árbol forma parte del paisaje
y comparte terreno en bancales y parcelas con olivos,
viñas, naranjos, chumberas y otras variedades
que se dan en el excepcional microclima del espacio natural
de Arribes del Duero.
Un almendro comienza a dar frutos a los 3 ó 4
años. El marco de plantación idóneo
es de 6 por 6 metros y una hectárea de cultivo
puede reunir 350 árboles con una producción
media de 8 kilos por almendro.
Según el Inventario de Productos Agroalimentarios
de la Junta de Castilla y León, la razón
del declive está en que los confiteros ya no compran
la almendra entera, como hace unos años, lo que
obliga a comercializarla pelada, laminada o molida.
Los confiteros de la zona y de Castilla y León, la industria repostera
y los turroneros son la clientela habitual de este fruto que, en su mayor parte,
procede de las variedades mollar, cáscara fina, esperanza, verdinal,
desmayo rojo y las tradicionales largueta y marcona. Vacas asegura que variedades
como ferrañes, moncayo o guara serían más rentables.
Los términos municipales a los que acude Diego Vacas cada campaña
a comprar almendras son, entre otros, Vilvestre, Ahigar de los Aceiteros, Saucelle,
Hinojosa de Duero (en Salamanca).
Javier Pérez Andrés |