El
Piñero es una pequeña población
zamorana situada en medio de la Tierra del Vino y la
Tierra del Pan, dos comarcas tradicionales que se funden
con el viñedo de Toro. Aparentemente nadie vincularía
esta villa con la industria del encurtido, excepto si
se tiene en cuenta que el cultivo de pepinillos y guindillas
se generalizó en las vecinas localidades de Fuentesaúco
y Toro en la década de los 70 debido a la fuerte
demanda de las fábricas de La Rioja que apreciaban
estos productos por su calidad para la elaboración
de encurtidos.
Más de tres décadas después, El Piñero es un pequeño
foco de producción de guindillas en la región. Los agricultores
pioneros que apostaron por las primeras plantaciones hace quince años,
hoy cultivan las últimas 80.000 plantas, localizadas en pequeñas
parcelas que conviven junto a las grandes extensiones de cereal y viñedo.
La guindilla de El Piñero es un cultivo en recesión, no cuenta
con una excesiva tradición en la zona y tampoco es la principal actividad
agraria que sustenta la economía del municipio. Sin embargo, la veintena
de familias que cultivan la guindilla se resisten a abandonar este producto hortícola
cuyos beneficios son un complemento a sus ingresos cuando llega la campaña
de recogida –para otros es su principal fuente económica–,
que coincide con los meses de julio a septiembre.
A pesar de tratarse de un cultivo secundario, el laborioso
proceso de selección
manual y el esfuerzo de los hortelanos sí es apreciado por los industriales
foráneos que, desde hace años, han puesto sus ojos en esta materia
prima de calidad que nace del suelo zamorano y que prefieren transformar fuera
de las fronteras de Castilla y León. Venancia Merchán, vecina, hortelana de El Piñero y encargada de
controlar la recogida del producto, explica que, aunque su pueblo es un importante
reducto de la producción de guindilla, los vecinos de San Miguel o Fuentespreadas
también mantienen el cultivo.
«Hace tiempo se solicitó una mejora de los precios, pero obtuvimos
una negativa por respuesta », apunta.
La guindilla de El Piñero se recolecta en fresco y cuando todavía
no ha adquirido ninguna tonalidad rojiza. Los rendimientos por planta alcanzan
el 1,5 kilo, aunque todo depende de las condiciones climatológicas puesto
que, aunque la guindilla es un cultivo que se adapta bien al terreno y a las
temperaturas, una helada inesperada puede dar al traste con el trabajo de toda
una campaña.
La recogida se realiza cada semana, para poder controlar
la maduración
del fruto. Una vez recolectadas, las guindillas se introducen en sacos hasta
que éstos llegan a pesar entre 20 y 25 kilos. Después de controlar
el peso, las sacas esperan su recogida, que periódicamente realiza la
empresa riojana con destino a la transformación como encurtido. |