El Norte de Catilla.
6 de agosto de 2005
Silencio y tranquilidad en el alfoz
En Corcos conviven en armonía el valle y el pinar, lo nuevo y lo viejo, las naves ganaderas y las bodegas embotelladoras
Texto de M. García. Fotografía de M. J. Cachazo.
Corcos del Valle probablemente reciba su nombre de los romanos, que lo denominaban ‘Cohorcos’, mientras que el apellido se debe a que está ubicado en el pequeño valle que forma el arroyo Zurano. Al municipio se llega o bien desde la Autovía de Castilla o por el cercano municipio de Cigales.
Lo que llama la atención cuando se avista Corcos es el paraje castellano, con las tierras de labor situadas a un lado, un pinar en un alto y, en medio, un pequeño pueblo que mezcla las naves ganaderas, las bodegas embotelladoras, las viviendas viejas y las nuevas. Todo ello convive con naturalidad.
El pueblo tiene en la actualidad 265 habitantes. Lejos quedan ya los años en los que el censo superaba el millar, y el de 1970, con setecientos vecinos; trabajadores que poco a poco fueron abandonando el pueblo en busca de un futuro. La inmigración fue a la capital, Valladolid, donde se comenzaban a instalar las grandes fábricas y se ofrecía empleo.
Ahora se encuentra en un proceso de lento crecimiento y recuperación de la población, ya que se están construyendo viviendas nuevas que se van ocupando poco a poco, pero todavía la mayor parte de su población es mayor de 65 años y solo hay una veintena de niños menores de 14 años.
Los niños se desplazan diariamente a Cigales para estudiar en el colegio o en el instituto. Y precisamente esta circunstancia hace que la rivalidad entre pueblos cercanos haya desaparecido, ya que los niños de Trigueros, Quintanilla y Cubillas estrechan sus lazos y los de sus familias en el viaje y el centro educativo.
Los corqueños tienen la personalidad típica del castellano, recelosa al principio con los desconocidos pero muy abierta cuando se entabla relación con ellos. Este carácter no impide que acojan con cariño a familias de fuera que buscan en el pueblo la cercanía a la capital y la tranquilidad. En Corcos apenas se oyen ruidos, hay un solo bar y las compras de pan y fruta se realizan con venta ambulante diaria, mientras que para la carne o el pescado hay que desplazarse. El transporte público a Valladolid es escaso –con dos viajes en ambos sentidos en autobús–, aunque también hay una estación de tren.
En Corcos se encuentran industrias importantes, ya que parte de las viñas se dedican a la elaboración del vino –el municipio pertenece a la Denominación de Origen Cigales–; hay cinco bodegas embotelladoras y una fábrica de quesos en el núcleo de Aguilarejo, donde también hay una vieja harinera que ahora elabora pan.
Incendio en la iglesia
El 4 de octubre de 1992 se quemó la iglesia de Corcos, orgullo del pueblo. Los corqueños tuvieron que escuchar la misa en el viejo ayuntamiento, hasta que ellos mismos fueron los que la arreglaron aportando los medios materiales, humanos y económicos para las obras. Ahora tienen que seguir con las mejoras y será el Arzobispado el que ejecute unas obras que los corqueños esperan con ansiedad ,ya que quieren ver su iglesia en su máximo esplendor. También destaca el monasterio de Nuestra Señora de Palazuelo, que linda con el término de Cabezón, desde cuya oficina de turismo puede visitarse.
Las fiestas en Corcos son el 8 de mayo, en honor a San Miguel y, si hace años el segundo día de la fiesta se celebraban serenatas casa por casa para conseguir vino, pastas y dinero, ahora también se hacen pasacalles por los que se recibe vino y pastas. El Día de la Abuela tradicionalmente se celebraba el día 11 para despedir la fiesta con un baile, pero ahora la fecha es variable. El 8 de septiembre, para honrar a Santa María la Mayor, se asa panceta y chorizos para los presentes.
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