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Datos del municipio
Superficie:48,4 Km2.
Población: 473 habitantes.
Distancia a la capital: 63 kilómetros.
Actividades Principales: Agricultura.
Gentilicio: Langayeses
Pertenece a la Comarca de Campo de Peñafiel |
En
un castro próximo al pueblo de Langayo se han recogido algunos
materiales certibéricos, incluidas algunas fíbulas
y hachas neolíticas.
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Iglesia Parroquial
de San Pedro
Los orígenes de la iglesia parroquial de San Pedro
de Langayo se remontan al siglo XIII, con posteriores reformas
en el XV, que configuraron definitivamente la iglesia. Muy
original es el pórtico de finales del siglo XV del
lado de la Epístola, en el que un arco rebajado sirve
de marco a una puerta de medio punto con dos ventanas apuntadas
situadas a ambos lados. Las molduras del arco rebajado, el
arco de medio punto y los arcos apuntados están decoradas
con una serie corrida de bolas. En el alero del pórtico
se pueden ver canecillos decorados de forma naturalista, con
rostros humanos o figuras de animales como leones, cocodrilos
o cerdos, entre otras imágenes no reconocibles por
su deterioro. Pasado el pórtico se accede a la puerta
de ingreso, con arco apuntado del XIII. La disposición
del interior es de tres naves de tres tramos, separadas por
pilares compuestos que sostienen arcos apuntados. La nave
central se cubre con bóveda de crucería o de
cañón apuntado, según los tramos, y la
capilla mayor con bóveda de crucería estrellada
del XV. El retablo mayor es de la primera mitad del siglo
XVII. Fue adquirido a la iglesia de Santa María de
Peñafiel y está presidido por un Crucificado
gótico del siglo XIV. Otras imágenes del retablo
que destacan son una Asunción de la Virgen, obra de
un artista anónimo que denota una clara influencia
de Gregorio Fernández, una magnífica Virgen
gótica del siglo XIII y un San Pedro, obra temprana
del taller de Gregorio Fernández. Al Maestro de Osma
se atribuye un San Pedro sobre tabla de principios del siglo
XVI situado en el lado de la Epístola y que formó
parte de la Exposición de las Edades del Hombre de
Valladolid. En la nave de la Epístola se puede admirar
también un lucillo sepulcral decorado con yeserías
de principios del siglo XVI, en cuyo zócalo se pueden
ver restos de un frontal realizado en azulejo, obra de Hernando
de Loaysa, conocido en Valladolid por la autoría de
las series de azulejos del Palacio Fabio Nelli, y a quien
pueden atribuirse también dos frontales más
de azulejos de esta misma nave. Hay que destacar así
mismo, los bordados realizados para esta iglesia durante los
siglos XVI y XVII. Entre la plata hay de reseñar una
Cruz de Gabriel de Segovia, de Peñafiel, y una naveta
de Pascual Abril, de Palencia. También merece especial
atención su bella pila bautismal cuya copa se sustenta
con cuatro columnillas. |
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El 29 de junio
celebran a su patrón San Pedro y organizan festejos
que duran varios días. El primer fin de semana de septiembre
se celebra la Exaltación de la cruz, con tradicionales
encierros en campo abierto. |
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pueblosvalladolid@nortecastilla.es
El Norte de Catilla.
24 de septiembre de 2005
Un municipio con vistas al futuro
A través de la concentración parcelaria, Langayo pretende revitalizar su principal modo de vida, la agricultura
Texto de M. García. Fotografía de M. J. Cachazo.
Una vieja olma tristemente calcinada a la entrada de Langayo continúa siendo el símbolos más característicos de este municipio o, por lo menos, uno de los más queridos, a pesar de estar casi destruida. De hecho, tiene un reconocimiento expreso, ya que forma parte del escudo de este municipio vallisoletano al que se llega desde Cogeces o Peñafiel, a través de la carretera VA-210.
Una de las peticiones constantes de la corporación municipal es, precisamente, el arreglo de los accesos a su localidad, que están muy deteriorados en cada una de sus entradas, pero sobre todo por la que viene de la villa de Cogeces.
La demanda, de momento, no ha sido escuchada pero sigue siendo muy necesaria, al igual que lo es el contar con cobertura para los teléfonos móviles o disponer de conexión a Internet a través de línea ADSL. Unas comodidades tecnológicas que favorecerían el desarrollo rural del municipio y darían la posibilidad a sus cerca de 400 habitantes de realizar ciertos trabajos desde sus hogares.
La principal actividad económica de Langayo es la agricultura, sobre todo de secano, el cereal, aunque también existe una empresa de confección y otra dedicada a la carpintería metálica. Dos ejemplos de las posibilidades de creación de empleo en pequeños pueblos como Langayo.
Una de las asignaturas que aún tiene pendiente Langayo para mejorar con su agricultura es su concentración parcelaria, que no pudo ejecutarse hace 30 años por desacuerdos entre los propietarios de las parcelas. Ahora, se ha vuelto a retomar este tema con la esperanza de llegar a un buen acuerdo que beneficie a todos. Un difícil asunto, que su alcaldesa, Laura Fernández Peña, no quiere dejar de lado porque considera que «es algo fundamental tal y como está ahora el campo, se rebajarían gastos y tendría la ventaja de poder arreglar los caminos». Aún quedan trámites que pasar pero es un proyecto por el que se está luchando para beneficio de todos, añade su regidora.
Sin duda, una de las épocas más recomendables para visitar Langayo es el verano, no solo para tener la oportunidad de conocer sus lugares más emblemáticos y sus gentes, sino también porque es cuando se realizan más actividades socioculturales.
Curiosas y con gran éxito de participación fueron las diversas jornadas que se realizaron en la pasada época estival, relativas al conocimiento de la siega a mano o a la elaboración de adobes. En este último caso, una gran paella para los vecinos del municipio coronó una actividad que fue calentando motores para sus principales fiestas locales. El primer fin de semana de septiembre se celebra la Exaltación de la Cruz, con tradicionales encierros camperos.
Por San Pedro
Meses antes, el día 29 de junio festejan a su patrón San Pedro Apóstol. La iglesia de la localidad está dedicada al santo y cuenta con relevantes lienzos, obra del Maestro de Osma. El templo está construido en la parte más alta del pueblo y vela por sus habitantes, ya que desde allí se puede contemplar una bonita panorámica del municipio y de los parajes que lo rodean. Sus orígenes se remontan al siglo XIII con posteriores reformas en el siglo XV, como el singular pórtico situado junto a la Epístola. También destaca su retablo mayor, de la primera mitad del siglo XVII, que está presidido por un Cristo Crucificado de estilo gótico, del XIV.
Merece también la pena detener por un momento el tiempo y pasear por las ruinas del Convento de Oreja, que recupera su esplendor durante sus fiestas, ya que es el lugar desde donde parte el encierro a campo abierto que se celebra durante sus fiestas de la Exaltación de la Cruz.
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