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El Norte de Catilla.
30 de julio de 2005
Lo inesperado de los tópicos
Villarmentero de Esgueva, un pequeño pueblo del Valle del Esgueva, vive actualmente un singular crecimiento
Texto de M. García. Fotografía de M. J. Cachazo.
A primera vista, para el viajero poco interesado, todos los pueblos de la provincia de Valladolid pueden parecer iguales: cada una de estas localidades se compone de una serie de tópicos que siempre se ven confirmados por lo que –podría pensarse– quien ha visto una las ha visto todas. Sin embargo, conocer los entresijos de un pueblecito de poco más de cien habitantes, como Villarmentero de Esgueva, puede acabar con muchos de estos prejuicios.
Primer tópico: el paisaje de alrededor es siempre una amplia llanura amarilla –según el tipo de cultivo–, atravesada quizá por un pequeño río que da su nombre al pueblo. Sorprendentemente, el río Esgueva, una vez en Villarmentero, no aparece por ningún lado y, por si fuera poco, unas tímidas colinas cortan la normalmente inquebrantable línea del horizonte castellana. Además, el paisaje del valle del Esgueva es predominantemente verde. Para corroborar esto, la Diputación ha puesto en marcha un Sendero Verde para promocionar el valle, cuya primera etapa se realiza en bicicleta desde Valladolid hasta Villarmentero. Un museo-herbolario, en los alrededores del pueblo, muestra las plantas y frutales que embellecen la zona.
Otro tópico se refiere a la propia estructura de los pueblos de Castilla: una vieja iglesia con un frontón en uno de sus lados; la plaza del Ayuntamiento, probablemente con una pequeña fuente de piedra; casas ya antiguas, algunas de las cuales están abandonadas o semiderruidas; una veintena de calles estrechas y uno o dos bares. Y punto. El paseante debe prestar atención para permanecer dentro de las fronteras del pueblo. Todo esto es cierto: en Villarmentero puede encontrarse la iglesia de Santa Juliana, del siglo XI y estilo gótico-mudéjar, que es la más antigua de la provincia. El otro edificio de mención, el del Ayuntamiento, se presenta con un curioso cartel, ‘Casa Consistorial, escuela y cárcel’, que hace referencia a un pasado francamente correctivo.
Pero este pueblecito no se agota ahí y tiene también una piscina, nada desdeñable, que en verano es el punto de encuentro para los habitantes. Si a ello le añadimos la leyenda que habla de la existencia en los alrededores un castillo y un palacio, de los que también hablan las pinturas de la iglesia, vemos que Villarmentero esconde algunas sorpresas. Tales edificios estarían hoy enterrados en el valle, y se han encontrado una especie de restos aunque, claro está, nadie puede asegurar su realidad.
Fiestas y jubilados
Otro tópico afecta a los propios habitantes de estos pueblos: en su mayoría jubilados, llevan una vida tranquila que, para el observador externo, no es más que aburrida. La media de edad en Villarmentero es de 70 años, y solo hay censados cinco niños. Según una broma del alcalde, las principales actividades del pueblo son «la agricultura y los jubilados». Y, sin embargo, la localidad organiza varias fiestas que no existirían sin la colaboración de sus habitantes.
Así, el 16 de febrero son las fiestas de la patrona, Santa Juliana, que da lugar a cuatro días de música y fiesta. La Asociación de Agricultores organiza por San Isidro varios actos festivos y, por otro lado, toda la localidad se vuelca en la Semana Cultural, del 1 al 7 de agosto. Juegos, concursos, comidas populares, exposiciones, cine al aire libre, y hasta un paseo en calesa son varias de las actividades de estas fiestas del verano. Por último, un mercado medieval a finales de agosto completa este programa de eventos.
Y el último tópico es el que habla de la muerte de los pueblos, de su progresivo despoblamiento. Pero Villarmentero de Esgueva comenzará muy pronto a construir viviendas y pretende doblar su población en dos años.
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