HACIA
LAS BODAS DE ORO
FERNANDO
HERRERO
EL Festival Internacional de Cine de Valladolid
festejará el año próximo
su cinquagésima edición. Cincuenta
años que son, a la vez, un poco de la historia
del cine y, paralelamente, de la de nuestro país.
Las incidencias del festival iban por delante
de la política y de la sociedad. Fue, en
muchas ocasiones, una llamada de atención,
un pronunciamiento en favor de la libertad.
Esta
edición de los cincuenta años
debe ser toda una celebración que abarque,
no solo el mejor cine, sino también la
memoria del pasado y la proyección del
futuro. En la línea existente la selección
debe ser la mejor posible, tanto en las películas
que vayan a concurso, y esperemos que el cine
español tenga en cuenta esta fecha, como
los ciclos que se preparen. En mi opinión
debe primar lo cualitativo sobre lo cuantitativo.
La borrachera de filmes impide la reflexión
y el diálogo.
Esta
celebración debe tener como parte importantísima
al público, ese espectador que ha sostenido
al festival durante todos estos años,
con mayor o menor entusiasmo, según las
épocas y circunstancias. Los realizadores,
actores y demás gente del cine que acudan
a la cita tendrían que dialogar con quienes
les aplauden y les halaban o, incluso, les discuten.
Por
otra parte, el cine no debe cerrarse en si mismo.
Muy al contrario, su relación con las
demás artes es esencial y cada vez más
profunda. Las gentes de la cultura de la ciudad
y de la comunidad deberían participar
en esta celebración. El cine como expresión
de la cultura como totalidad.
Por
último, el homenaje a los que han hecho
posible estos cincuenta años de cine
debe completarse con visión de futuro,
abriendo el festival a gente joven de Valladolid
y de la comunidad de Castilla y León,
que han demostrado no solo su conocimiento del
cine y su capacidad para escribir sobre él,
sino también, en cuestiones organizativas
complejas.
La
probada profesionalidad del equipo directivo
de la Semana no se vería en ningún
momento conculcada por una savia nueva que pudiera
cubrir algunos aspectos de este cine plural
y cada vez más universal en la creación,
aunque más reducido en la exhibición.
Conservar
el esencial apoyo de las distribuidoras es un
punto positivo, como también buscar esos
aires nuevos que el Festival ha ido acumulando
durante estos largos años de vida que
han conducido al éxito del momento presente.